¡Por fin un minuto libre!
Lo primero de todo… Gung Hei Fat Choi!

Feliz año nuevo chino, bienvenidos al año del perro… pues sí, dos diítas de vacaciones que nos tocaron con ocasión del cambio de año. No sentaron mal, la verdad, aunque básicamente consistieron en trabajo y más trabajo. El viernes cubrí mi cupo semanal de pelis, viendo “Monsieur Ibrahim et les fleurs du Coran” en casa de Michèle (me colé en una reunión de 1os años que están en French B) y luego, solita (bueno, con el cojín de Bego) vi “Saw”, ya tenía ganas (les traía loquitas a mis compis de cuarto…). Lo cierto es que me gustó bastante tirando a mucho (pero el comentario tendrá que esperar a que tenga un poco más de tiempo, si es que eso ocurre alguna vez). Me fui a dormir pronto, estaba muerta tras una semana intensa y la tarde en el gimnasio (mientras me dure la fuerza de voluntad…). El sábado empezó prontito, porque servidora tenía que ir a ganarse un dinerillo “enseñando” español a la vieja. ¡Mereció la pena, vaya que sí! No sólo me pago la clase entera aunque me fui pronto porque ella tenía que hacer no sé qué, sino que me pagó el libro de cuentos que le llevé y… me dio un sobre doradito con mi “lai see” (1000 HK$, flipa). Contenta como unas castañuelas, volví al cole y estuve leyendo, hice algo de tarea, pero poquita cosa. El domingo, me levanté relativamente pronto porque tenía reunión con Jesús sobre mi EE (a estas alturas me falta darle los toques finales, lástima que no me apetezca nunca). Después, me dediqué a hacer tareíta y por la tarde-noche, salí con Morgan… ¡teníamos algo pendiente! Fuimos a la cabalgata del año nuevo, que me pareció decepcionante, la verdad… chinos y chinos por todas partes, apretujados en la nosécuálava fila, esperando durante horas y horas, las carrozas (cuando había) nada espectaculares… puro marketing, me temo. De todas maneras, después nos buscamos nuestro banquito desierto en un parque (¡en pleno Wan Chai!) y allí que descorchamos la botella de vino (Côte Rôtie) que Morgan había reservado para la ocasión. También tenía una botella de cerveza, por si las moscas, y como resultó que no le gusta el vino, acabé bebiéndome yo la botella entera (y él, claro, se liquidó la de cerveza), acompañado de un sublime “bleu” (roquefort en mi tierra). No nos engañemos, yo iba feliz, pero controlando bastante. Después, nos fuimos de escapadita a Mong Kok, donde me fui a la caza de DVDs. Compré “Brokeback mountain” (mi ordenador no la reconoce, snif, pero aún puedo verla en cualquiera de mis roomies’), “Memorias de una Geisha” (fraude total, un DVD virgen… por 2 euros tampoco me quejo demasiado) y “12 monos”. Luego volví al cole (sólo tenía “extension” hasta la 1 y no me apetecía nada “sneakearme”). Me fui a dormir sin poner el despertador (sienta genial de vez en cuando) y dediqué el martes a escribir mi segundo World Lit, que no quedó mal. El lunes por la tarde-noche, vimos “Saw II” (maravillas de la piratería), que deja mucho que desear teniendo la primera como precedente. Por la noche noche (a eso de las 12) había una reunión de TOK en el corner de Alice así que decidí ponerme a ver otra peli. Cayó “Europa”, que me dejó un poco fría. A eso de la 1, paré un momento porque había ruidos fuera y estos pensaron que estaban haciendo room-checks, y aproveché para mirar mi e-mail. Cuál sería mi sorpresa al encontrarme con un e-mail de Alberta, abrirlo y ver… ¡que me habían dado la beca UWC! No me lo creía. Imposible. Tuve que imprimirlo y leerlo dos, tres, diez veces, antes de convencerme a mi misma de que era cierto. Acto seguido, llamada a casa (en mi perplejidad olvidé que papá y mamá estaban de balneario), luego al móvil, luego a Vio, luego a Bego, mensajes para Nut y Marta… ¡wao! Así que nada, hoy he recibido la confirmación de admisión para el programa de “genética molecular”, la beca es completa (100000 dólares canadienses para los 4 años) y además me han dado tres más (dos de Alberta en general y otra de la facultad de Ciencias, por “academic excellence”) por el valor total de 5500 dólares canadienses… la oferta es prácticamente inmejorable, sin condiciones (se acabó el romperse los codos estudiando) y ya la he aceptado. En el caso (prácticamente imposible) de que me igualen o mejoren la oferta, lo pensaría, pero casi casi seguro que al año que viene esté en Canadá. Quién me lo iba a ver dicho a mí cuando daba por perdidos mis sueños de estudiar genética por falta de pelas, de idioma, de todo… claro que quién me iba a decir que iba a estar ahora en Hong Kong, que en realidad es donde empezó todo… alegría, alegría indescriptible, claro… también, extrañamente, un cierto escepticismo… no sé cómo explicarlo, una sensación de que las cosas están saliendo demasiado bien (al menos visto desde fuera, sigo con mis problemas de siempre, qué se le va a hacer…) y me da un poco (un mucho) de miedo ir por la vida sin conocer mis límites, por una parte está bien saber que prácticamente puedo conseguir lo que quiera pero… no estaría mal saber dónde poner las barreras, no vaya a ser que coja carrerilla y me salga en una curva un poco más cerrada, por moverme a “la velocidad de la luz”. En fin. Llovieron las felicitaciones, mis padres se dieron prisa por informar a amigos, familiares y curiosos (sólo faltaron los periodistas), igual que aquí. El miércoles, primer día de clase, se lo dije a Wendy (se alegró mogollón por mí, como era de esperar, aún más sabiendo que escribió una de las dos recomendaciones), a Hayley (no sabía muy bien cómo decírselo, pero lo arregló ella solita preguntando… yo creo que se olía algo, porque en la canteen vio a Eugenia abrazándome, gritando y saltando como una loca –muy en su estilo-), que escribió la otra recomendación, y a Steve (el orientador… también se alegró mucho). No pude ver a Sophie así que pensé que ya se lo diría al día siguiente. ¡Qué va! Había Staff meeting, reunión de profes… y a Steve le faltó el tiempo para contárselo a todos, ¡vaya vergüenza! Total, “random teachers” dándome la enhorabuena por todas partes.
Mientras tanto, proseguían las reuniones para la cultural evening… todas las noches, ensayos a partir de las 9. Con Lisa, cada vez que podía, reuniones para pintar, dibujar y planificar la canteen… un par de momentos tensos con Olimpia, que tomó una postura tirando a dictatorial, cosa que no me sentó nada bien. El jueves, momentos muy dulces en el cumple de Ativa. Hayley invitó a los pocos estudiantes con los que el bebé se lleva bien (léase Grace, Sarah y yo) y a algunos profes, y tuvimos fiesta “by the poolside”. Pastel, dulces, etc…. Y, por supuesto, Ativa. ¡Qué niña más adorable!

Mis regalos (minucias en comparación a lo que los otros le compraron) le gustaron, y estaba toda feliz… se lanzó a mis brazos (cosa nunca antes vista), apoyó la cabeza en mi hombro… yo me derretía, qué monada por favor. Sudamos mucho para conseguir poner las pilas al piano de juguete que le regalaron, al final me las apañé con la regla, y Ativa se encargó de agradecerlo con un “thank you jeje”. ¡Para comérsela! Después de muchas risas, cantar “happy b’day to you” muchas veces (cómo resistirse a su petición) se disolvió la fiesta. Ensayos, ensayos y más ensayos. Acabamos a la 1, el viernes estaba muerta (y lo parecía). Aún así, tocó pintar como locos y ensayar dos veces, por la tarde y por la noche, además, vi la obra de teatro de los segundos años (muy graciosa) y despedí a Morgan. El sábado, dormí todo lo que pude, comí y a las 2 empezamos a preparar la canteen. Cortinas por aquí, cortinas por allá (madre, qué miedo de pie en una pila de sillas…), manteles, escudos, velas, queso… la hora H llegó, todo el mundo estaba preparado (después de cenar arroz, snif) y Martin y Michèle entraron. Toque de trompetas, reverencias… música medieval en vivo, juglares, sirvientes (yo servía el vino, ya se sabe… una para ti, otra para mí…). Los europeos, intentando probar algo de la comida que trajimos pero no pudo ser para nosotros; la gente, pasándoselo en grande con el ambientazo (se oyó mucho el comentario de que era la mejor cena desde muchas cultural evenings atrás), un exitazo.
Después, el show. Todo el mundo frenético, subimos el vino que había sobrado de tal manera que al final todo el mundo actuó “contentillo” (me incluyo en la lista), afeitando la cabeza a Leonne, vistiéndonos, chistando los unos a los otros… empezó. Me subí al tercer piso y vi la primera mitad del show desde allí. Cuando me tocó, bajé, el baile vasco aceptable (un poco de lío al final, cuando nos poníamos en fila), el cambio de ropa, frenético pero salió bien, se rieron mucho con el partido, la pelota se rompió en trocitos bastante bien…. La escena de las velas, emotiva y perfecta, la cena italiana, tan ruidosa como mandan los cánones, Laura graciosísima luciendo un vestido diferente en cada aparición, el anuncio del final, sublime… y, cómo no, ganó ABA. Aplausos, bailes frenéticos, abrazos, felicitaciones, casi casi lágrimas… un poco de limpieza, cansancio y canteen party. Bailé algo, pero estaba muerta y me vine a dormir prontito. Hoy me he levantado con la garganta como pelotas de tenis y dolor de cuerpo en general. He puesto la lavadora y he tenido una reunión con Jesús para hablar de mi World Lit. He leído Harry Potter (como estoy mala, tengo la excusa del descanso) y he hecho algo de inglés y uno de los dos labs de biología. Ahora, llamaré a casa, leeré otro poco y a dormir. No me apetece hacer tarea y, además, ¿a quién le importa? Me han admitido en Alberta, tengo una beca que me cubre todo y… ninguna condición que cumplir.