
Estoy melancólica… sabía que si me iba a dormir, iba a pasarme horas dando vueltas, como últimamente. Así que he decidido ver una peli. La naranja mecánica. Perturbadora, eso es cierto… pero me da otras cosas en que pensar, en vez de revolcarme en mi desdicha. Odio la autocompasión, pero no sé cómo sacármela de encima.
El título original de la película es "The Clockwork Orange". "Orange", en inglés, significa "Naranja", pero en verdad proviene de otra palabra: "Ourang", una palabra de Malasia donde el autor del libro, Anthony Burgess, vivió durante varios años. Esta palabra tiene otro significado y es el de "persona". De esta manera, el escritor hizo un juego de palabras, y realmente, lo que el título significa es "El hombre mecánico". Es decir, Álex después de aplicarle el tratamiento Ludovico.
También se hacen varias referencias a la peli en los Simpsons… interesante.
Personalmente, me ha impactado bastante. Las primeras escenas, de una violencia y una (…) (ahí va una palabra que, en mi opinión, describe perfectamente la sensación que me produjo el ambiente de las primeras escenas. Por desgracia, aunque sé que esa palabra existe y que yo la conozco, está escondida en un rincón de mi cerebro, empujada hacia la última fila por todo el vocabulario nuevo –en inglés- con el que lidio diariamente. No se puede tener todo, supongo) increíbles, totalmente esperpéntico, a la vez que cargado de simbolismo, me han impactado mucho. Sin embargo, lo que más me lleva a la reflexión es el estado en el que queda Álex tras el controvertido tratamiento… el libre albedrío. La posibilidad de manipularlo a placer… “The clockwork orange” tiene mucha miga, definitivamente.